Por BBC News Mundo 20 de febrero de 2026, 15:45 PM

Un octogenario conocido sobre todo por su defensa del matrimonio infantil se convirtió esta semana en el más reciente entrante a la "puerta giratoria" del Palacio de Gobierno de Perú: con él, el país lleva ocho presidentes en 10 años.

José María Balcázar deberá tener también un mandato fugaz, con fecha de vencimiento el 28 de julio, cuando asuma el ganador de unas elecciones presidenciales cuya primera vuelta está agendada para abril.

Si Balcázar logra concluir la misión que el Congreso que integraba le encomendó el miércoles, tras destituir al presidente interino José Jerí, Perú alcanzará un promedio de casi un nuevo mandatario por año en la última década, algo inédito este siglo en América Latina.

Esto significa que en ese lapso el país ha cambiado con más frecuencia de jefe de Estado que de entrenador de su selección de fútbol (que quedó afuera del último y del próximo Mundial), algo inusitado que inspira incluso el humor popular.

"Es que ya no sé cómo sentirme", dice Marafaka, el personaje de una viñeta que la ilustradora peruana Mara Vizcardo publica en redes sociales. "He tenido más presidentes que pretendientes".

Pero lo que ocurre en el país sudamericano es sobre todo inquietante: los cambios presidenciales en años recientes desataron protestas callejeras que fueron reprimidas por las fuerzas de seguridad, con un saldo de decenas de muertos.

Si bien esta vez el reemplazo de Jerí por Balcázar ha transcurrido sin episodios de violencia, muchos alertan sobre el rumbo que ha tomado la democracia peruana.

Y una pregunta básica sobrevuela el país andino: ¿por qué su gobierno se volvió tan inestable?

"Autoritarismo legislativo"

Los expertos señalan las elecciones de 2016 en Perú como el momento determinante para la situación política actual del país.

El balotaje presidencial de ese año enfrentó al economista Pedro Pablo Kuczynski con Keiko Fujimori, la hija del fallecido expresidente Alberto Fujimori, quien entonces estaba preso por corrupción y violación de derechos humanos durante su gobierno (1990-2000).

Kuczynski ganó por el margen más estrecho que las elecciones peruanas registraran en décadas.

José María Balcázar con la banda presidencial de Perú
AFP via Getty Images
José María Balcázar es el octavo presidente de Perú en una década.

Pero el partido de Fujimori tenía una mayoría absoluta en el Congreso. Y menos de dos años después logró derrocar al mandatario, salpicado por escándalos que incluían pagos de la constructora Odebrecht.

Si bien Kuczynski renunció a la presidencia, lo hizo cuando el Congreso se aprestaba a destituirlo por "incapacidad moral".

El proceso se apoyaba en el artículo 113 de la Constitución Política peruana, que habilita la vacancia de la presidencia de la República por "permanente incapacidad moral o física, declarada por el Congreso" y que está en la carta magna desde el siglo pasado.

Esa definición amplia fue utilizada al final del gobierno de Alberto Fujimori y, tras la caída de Kuczynski, comenzó a emplearse con frecuencia por el poder Legislativo, según expertos como una herramienta de control discrecional sobre el Ejecutivo, sin las exigencias probatorias ni los plazos que suelen tener los juicios políticos.

Entonces se abrió lo que el politólogo peruano José Incio define como "una caja de Pandora" en las relaciones de poder dentro del país.

Pedro Pablo Kuczynski y Keiko Fujimori gesticulan durante el debate que ambos protagonizaron para el balotaje presidencial de 2016 en Perú.
AFP via Getty Images
La elección de 2016 que entrentó Kuczynski y Fujimori es considerada una clave de los problemas políticos de Perú.

"Lo que estamos viendo desde 2016 hacia adelante es un Congreso súper empoderado: algunos le llamamos autoritarismo legislativo", dice Incio, profesor de ciencias sociales en la Pontificia Universidad Católica del Perú, a BBC Mundo.

"Se perdió el balance entre poderes, y eso hace que las élites que están en el Congreso tengan esta maniobra casi sin control con respecto al Ejecutivo", agrega.

Martín Vizcarra, quien era vicepresidente de Kuczynski y lo reemplazó, fue destituido por una moción de vacancia por "incapacidad moral" en 2020 por presuntos actos de corrupción.

Pedro Castillo corrió la misma suerte al año siguiente de ganar las elecciones de 2021, acusado de intento de autogolpe de Estado tras anunciar la disolución del Congreso para evitar su caída.

Lo sustituyó su vicepresidenta Dina Boluarte, quien en octubre pasado también fue destituida por "incapacidad moral" en medio de una crisis de seguridad pública.

Entonces asumió la presidencia Jerí, quien encabezaba la Mesa Directiva del Congreso, razón por la cual el martes bastó con una mayoría simple (no calificada como en los casos de vacancia) para destituirlo mediante censura por reunirse con empresarios chinos sin informar de ello.

Manifestantes contrarios a la destitución del presidente Pedro Castillo chocan con la policía en diciembre de 2022
AFP via Getty Images
La decisión del Congreso peruano de destituir al presidente Castillo en 2022 para que asuma Dina Boluarte generó protestas callejeras y represión policial.

Cynthia McClintock, una profesora de ciencia política en la Universidad George Washington, señala que la vacancia presidencial puede considerarse positiva si se emplea forma coherente y sin criterios partidistas "para fomentar la transparencia, la rendición de cuentas y la honestidad en el gobierno".

"El problema es que (en Perú) se utiliza de forma indebida" y "entran en juego motivos no tan nobles", dice McClintock a BBC Mundo.

¿Solución?

Claro que la situación política de Perú está lejos de explicarse apenas por la forma en que el Congreso emplea el mecanismo de vacancia presidencial.

Los expertos observan que los partidos políticos se debilitaron en los últimos tiempos por la falta de confianza generalizada de la ciudadanía.

Esto produjo a su vez un aumento de los grupos con representación parlamentaria desde 2016 y una cantidad llamativa de candidatos a distintos cargos electivos.

En este escenario, sostiene Incio, se han fortalecido dos tipos de grupos en el Congreso: los que buscan poder político (como el fujimorismo, que mantiene la bancada más numerosa pese a que se redujo) y los que buscan desregulaciones por intereses particulares que van desde la educación hasta la minería informal.

Una persona en Lima pasa por un kiosco con diarios que informan sobre la destitución de la presidenta Dina Boluarte en octubre de 2025
Getty Images
Muchos peruanos se muestran indiferentes ante la serie de cambios presidenciales y las próximas elecciones.

Así, se ha vuelto más difícil alcanzar grandes acuerdos políticos y los presidentes han llegado al poder con menos respaldo legislativo, lo que los dejó más desprotegidos.

Castillo pasó al balotaje de 2021 con apenas 19% de los votos y Keiko Fujimori con 13%.

Para las elecciones del 12 de abril hay 36 candidatos presidenciales registrados, pero distintas encuestas sugieren que ninguno supera actualmente el 15% de la intención de voto y la mayoría tiene menos de 1%.

Tres de cada cinco peruanos (61%) evitaría confiarle las llaves de su casa a cualquiera de los postulantes a la presidencia, reveló una encuesta de Ipsos este mes.

Por ahora, todo indica que habrá una segunda vuelta en junio.

Carlos Meléndez, un politólogo peruano profesor de la Universidad de Lisboa, señala que desde 2016 los peruanos han elegido a sus presidentes con un "antivoto": optaron por Kuczynski y Castillo para evitar un triunfo de Keiko Fujimori, que ahora es candidata por cuarta vez.

La bandera peruana izada sobre el palacio de Gobierno del país.
Anadolu via Getty Images
Los expertos dudan que una reforma política pueda solucionar los problemas de gobernabilidad de Perú.

"El problema con los políticos peruanos es que hay dos características predominantes. Primero que, como son amateurs, (…) cometen muchos errores", dice Meléndez a BBC Mundo.

"Segundo", agrega, "se traicionan mutuamente: tu principal rival político no es tu opositor sino tu vicepresidente, porque es el que quiere que tú te caigas para ser presidente él mismo".

Cuando un país atraviesa problemas de desequilibrio de poder e inestabilidad, es lógico que surjan planteos de reformas políticas.

Pero en el caso de Perú, los expertos dudan de que eso funcionaría. En tiempos recientes se han intentado distintas reformas y todo parece haber empeorado.

Hoy parece improbable que los congresistas peruanos voten por reducir su propio poder.

De hecho, muchos advierten que el Legislativo se fortalecerá aún más este año cuando, por decisión del propio Congreso unicameral, reabra el Senado que fue eliminado hace 33 años.

Algunos razonan que cualquier solución debe pasar por un cambio en la clase política peruana.

"Y eso básicamente depende del elector", dice Meléndez, "que busque entre la oferta de más de 8.000 candidatos al Congreso a aquellos que no van a guiarse ni del error, ni de la traición".

WhatsAppTeleticacom