10 de marzo de 2025, 17:00 PM

Carlos Aguirre / Consultor Desarrollo Humano Estratégico.

En muchas organizaciones, existen prácticas, normas y costumbres que han perdurado a lo largo del tiempo sin que nadie cuestione su origen o su relevancia actual. La historia de los monjes y el gato es una metáfora perfecta para entender cómo las empresas pueden aferrarse a tradiciones que, en algún momento, tuvieron un propósito, pero que hoy han perdido sentido.

La historia del gato y su paralelismo con la cultura organizacional

La historia narra cómo en un monasterio, un grupo de monjes solía atar a un gato antes de iniciar sus sesiones de meditación porque el animal los distraía. Con el tiempo, la acción se convirtió en un ritual sagrado. Incluso cuando el gato murió, los monjes trajeron otro para continuar con la práctica. Eventualmente, se escribieron tratados filosóficos sobre la importancia del gato en la meditación.

Este relato ilustra perfectamente cómo en las organizaciones muchas prácticas continúan realizándose simplemente porque “así se ha hecho siempre”. Esto se debe a que la cultura organizacional, según Edgar Schein (1985), es un patrón de supuestos compartidos que un grupo ha aprendido a lo largo del tiempo y que considera válido para afrontar problemas internos y externos.

Cultura organizacional y hábitos incuestionables

Schein sostiene que la cultura organizacional se compone de tres niveles:

  • Artefactos: Son las estructuras visibles, símbolos y rituales dentro de una organización.​
  • Valores y creencias: Son los principios que guían el comportamiento organizacional.
  • Suposiciones básicas: Son creencias profundamente arraigadas que se consideran verdades absolutas dentro de la organización.

Siguiendo este modelo, podemos ver cómo el “gato” de la historia representa una práctica que inicialmente tuvo un propósito funcional, pero que, con el tiempo, se convirtió en un artefacto cultural incuestionable. Las organizaciones, al igual que los monjes, pueden aferrarse a procesos, políticas o reglas que ya no tienen sentido, pero que persisten porque nadie se detiene a cuestionarlas. 

El peligro de las tradiciones incuestionadas en las empresas

Muchos estudios en cultura organizacional han demostrado que las tradiciones sin análisis crítico pueden generar ineficiencias y resistencia al cambio. Por ejemplo, Peter Drucker (1993) afirmaba que “la cultura se come a la estrategia en el desayuno”, lo que significa que, por más bien planificada que esté una estrategia, si la cultura organizacional está atada a tradiciones obsoletas, la implementación será difícil.

Del mismo modo, autores como Hofstede (1991) han analizado cómo las diferencias culturales afectan la manera en que se mantienen o cuestionan las tradiciones dentro de una organización. En empresas con culturas rígidas y jerárquicas, las prácticas tradicionales suelen mantenerse por miedo al cambio o por respeto a la autoridad, lo que puede frenar la innovación y la eficiencia.

¿Cómo eliminar los “gatos” de la cultura organizacional?

Para evitar caer en la trampa de las tradiciones sin sentido, las empresas pueden tomar varias acciones:

  • Fomentar una cultura de cuestionamiento: Alentar a los colaboradores a preguntar el por qué de cada proceso y práctica.​
  • Realizar auditorías culturales: Analizar periódicamente las normas y procedimientos para determinar si siguen siendo relevantes.
  • Aplicar el pensamiento de mejora continua: Utilizar metodologías como Lean o Kaizen para eliminar desperdicios y optimizar procesos.
  • Involucrar a todos los niveles en la toma de decisiones: Escuchar a los empleados en todos los niveles para identificar prácticas que podrían estar obsoletas.
  • Capacitación en cambio organizacional: Enseñar a los líderes y colaboradores sobre la importancia de la adaptabilidad y la flexibilidad.

La historia de los monjes y el gato nos muestra cómo las organizaciones pueden caer en el hábito de repetir procesos sin preguntarse si siguen siendo necesarios. Como señala Edgar Schein, la cultura organizacional es un elemento poderoso que puede impulsar o frenar el crecimiento de una empresa.

Por ello, es fundamental cuestionar los “gatos” dentro de la organización y asegurarse de que cada práctica tenga un propósito claro y actualizado. Solo así se podrá construir una cultura organizacional dinámica y preparada para el futuro.

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