Por + Que Noticias Redacción |6 de febrero de 2025, 18:55 PM

Para llegar a las alturas de Quepos, donde la calle se pierde entre las nubes y la naturaleza reina, nuestro equipo enfrentó un reto: un camino casi inaccesible, que solo fue posible gracias a la doble tracción de nuestro vehículo y la guía de Edwin Vega. 

La distancia recorrida nos llevó, literalmente, al otro lado de la montaña.

En este sitio remoto encontramos el hogar de las protagonistas de nuestra serie ‘El Camino a la Educación 2025’: un lugar donde la vida parece detenerse, donde no hay ruido más allá del susurro de la naturaleza y el crepitar del fogón, iluminado al caer la noche por la energía del sol acumulada durante el día.

Una vida sencilla, pero llena de sacrificios

Doña María de los Ángeles Hernández, de 37 años, vive aquí con sus hijos: Melany, de 8 años, y Elian, de 5. Su historia es un testimonio de resiliencia y sacrificio. Luego de que su esposo fuera encarcelado, María tomó la difícil decisión de dejar la comodidad de Pérez Zeledón y regresar a la casa de sus padres en esta zona aislada. Alquilaron su casa en la ciudad para obtener un ingreso que les permita sobrevivir en medio de la montaña.

Aquí, la familia subsiste de lo que cosechan y producen. No hay supermercados, Ebáis ni vecinos a menos de dos horas caminando. Pero hay paz, y Melany y Elian crecen en un ambiente seguro, jugando con tranquilidad bajo el sol.


La caminata comienza


Después de un desayuno preparado con amor por doña Norene, la matriarca de la familia, nos calzamos las botas y tomamos palos para protegernos de cualquier imprevisto en el camino. El recorrido es una prueba física y mental. A través de ríos helados, taludes inestables y caminos empinados, la familia avanza con determinación.

Cada tramo revela la complejidad de su día a día. Pasar corriendo por un paredón, cruzar un río, o enfrentar pendientes peligrosas son parte de este ritual diario. Mientras ellos caminan, recuerdo las historias que hemos compartido esta semana sobre estudiantes y profesores esforzándose por la educación. Pero el recorrido de la familia Hernández es algo único, un acto de pura valentía.

La llegada a la escuela

A las 5:50 a. m., después de más de dos horas de caminar, la familia alcanza la escuelita unidocente de Dos Bocas de Quepos. Aquí, en un edificio humilde, doña María deposita sus esperanzas en el futuro de sus hijos. El esfuerzo y el miedo que cargó durante el camino se transforman en paz.

Mientras los niños asisten a clases, ella pasa las horas en el salón comunal de la iglesia, leyendo libros prestados de la escuela para comprender lo que ellos están aprendiendo. Su dedicación no se detiene en el esfuerzo físico; también busca ser parte activa de su proceso educativo.


El camino de la familia Hernández es un recordatorio de la fuerza del amor y la importancia de la educación, incluso en los lugares más remotos. Esta historia continúa, llena de sacrificios y esperanza, construyendo un futuro con un paso a la vez.

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