¡Naturaleza exclusiva! El arte de coleccionar plantas con Greivin Corrales
Su historia con las plantas comenzó como un pasatiempo, inspirado por su suegro, un apasionado de la Botánica, quien le enseñó el arte de la reproducción de especies exóticas.
Greivin Corrales ha aprendido que la naturaleza guarda secretos en sus formas más inesperadas. Durante años trabajó en el Instituto Clodomiro Picado extrayendo veneno de serpientes, una tarea de precisión que, aunque peligrosa, tenía un propósito vital: salvar vidas. Pero, entre el antídoto y el veneno, Corrales encontró su propia cura en otro rincón de la naturaleza: las plantas.
Fue en las raíces y hojas donde descubrió su verdadero refugio, un espacio donde el tiempo se mide en ciclos de crecimiento y no en riesgos. Y en ese mundo verde, no solo encontró su pasión, sino también el amor (repase la información en el video adjunto).
Su historia con las plantas comenzó como un pasatiempo, inspirado por su suegro, un apasionado de la Botánica, quien le enseñó el arte de la reproducción de especies exóticas. Lo que empezó como un interés compartido, se convirtió en un legado vivo, en una conexión que lo llevó a enamorarse no solo de la jardinería, sino también de la familia que la rodeaba.
Tiempo después, Greivin tomó una decisión que cambiaría su rumbo: renunció al Clodomiro Picado y dejó atrás las serpientes para dedicarse por completo a su propio universo de hojas, tallos y raíces.
“Las plantas son como un reflejo de la vida misma: necesitan tiempo, paciencia y cuidado para crecer bien”, dice con la certeza de quien ha encontrado su verdadero camino.
Greivin no se conformó con cualquier tipo de jardinería. Se especializó en la búsqueda de especies únicas, aquellas que desafían lo común: plantas con mutaciones extrañas, colores inesperados y formas inusuales que, lejos de ser defectos, se han convertido en los ejemplares más cotizados por coleccionistas.
“La gente busca lo diferente, lo que se sale de lo normal. Y la naturaleza, aunque parece perfecta, siempre nos sorprende con algo inesperado”, explica mientras revisa una de sus plantas más valiosas, cuyas hojas mezclan tonalidades poco usuales.
Hoy, en su hogar en Grecia, Greivin cultiva más que plantas: cultiva una vida nueva. Su hijo crece rodeado de hojas vibrantes y tallos enredados, aprendiendo que la naturaleza es un mundo de paciencia y gratitud.
Lo que empezó como una simple afición se convirtió en su propósito. Dejó atrás el veneno y los riesgos del laboratorio para dedicarse a algo que lo llena de vida. Ahora, cada nueva planta que siembra es una historia más en su camino, una que seguirá creciendo junto a él y su familia.